GĀO Restó, el proyecto gastronómico de Karina Gao , suma una nueva dirección y consolida su crecimiento con la apertura de su segunda sede en Recoleta, ubicada en Presidente Roberto M. Ortiz 1815. Luego del éxito de su primer local en Belgrano, la propuesta se expande manteniendo intacta su esencia: una cocina china auténtica, atravesada por la historia personal de su creadora.
El nuevo espacio se despliega sobre una de las arterias más transitadas y turísticas de Recoleta, con capacidad para 150 cubiertos, distribuidos en distintos ambientes, que combinan funcionalidad y carácter. En la planta baja, un gran salón con amplias mesas centrales para dos o cuatro personas convive con una barra imponente y cómodos sillones alargados, con almohadones y respaldos unificados que invitan a quedarse. Hacia el exterior, una terraza generosa con mesas, almohadones y un toldo rojo extiende la experiencia hacia la calle. En el primer piso, un sector reservado para eventos privados alberga tres mesas redondas giratorias, pensadas para compartir los platos al centro y hacerlos rotar entre los comensales. La ambientación sigue la estética del local de Belgrano: empapelados en la gama del celeste, rojo y blanco, sillas rojas y mesas azules que refuerzan la paleta cromática de la marca. Y en la entrada, un gran león iluminado con luz de neón junto a un banquito se convierte en el rincón ideal para la foto.
La carta es la misma de la sede original y continúa siendo uno de los grandes pilares del lugar . Diseñada por la propia Karina, recorre distintas regiones de China a través de recetas tradicionales e ingredientes chinos -todos traídos de China- respetando el sabor original y auténtico de cada plato. Entre las entradas se destacan los Chūnjuǎn, arrolladitos primavera al vapor preparados en el momento, con la forma tradicional y original de comer este plato; las Zhēnzhū wánzi, albóndigas perladas de cerdo y langostinos al vapor, y los Bīng huā Jiān jiǎo, raviolitos a la plancha con crocante dorado, que en chino lo llaman flor de nieve. También sobresale la Mìzhī chāshāo, bondiola laqueada con miel, que conjuga técnica y equilibrio de sabores con notable precisión.
Los platos principales ofrecen una variedad generosa de fideos, como el Bànmiàn con salsa de maní y aceite de cebolla, o el Niúròu chǎomiàn con ternera salteada. Las proteínas se presentan en preparaciones como el Sān bēijī —pollo a los tres aromas, un plato que data desde la dinastía Song, —, el Gōngbǎo jīdīng —pollo Gongbao, un clásico de la región de Sichuan, con todos sus condimentos tradicionales como la pimienta de Sichuan, ají disecado chino — y el Háoyóu niúròu —ternera con salsa de ostras, un plato típico de la región sur de China—, junto con alternativas vegetarianas, veganas y sin gluten, que amplían el alcance del restaurante.
El cierre mantiene el sello distintivo del lugar: el Shíjǐn pàobīng, el característico helado chino para compartir , junto con el tiramisú de matcha, la crème brûlée de sésamo, las clásicas bolsitas de la fortuna rellenas y se sumó una pavlova con cremoso de lychee y chocolate blanco. Las bebidas abarcan limonadas, tés, café de especialidad y opciones sin alcohol. En cada mesa, individuales interactivos con juegos y propuestas para dibujar —para chicos y adultos— y contenidos para aprender palabras en chino suman una dimensión lúdica y cultural que enriquece la visita.
El servicio de mesa está a la altura del proyecto: un equipo de camareros capacitados y atentos, que conoce en profundidad la carta, orienta a quienes se acercan por primera vez a la cocina china y acompaña cada elección con criterio y calidez. Apenas se sientan, los comensales reciben a modo de cortesía snacks de maní picante, encurtidos y langostinos. Y como broche final, al retirarse, cada comensal recibe una galletita de la fortuna, un gesto que resume el espíritu del lugar, donde la hospitalidad también se expresa en los detalles. Cabe destacar que no se cobra cubierto.
Con esta segunda apertura, Karina Gao reafirma su visión de construir una marca con identidad propia, donde la gastronomía opera como puente entre culturas. GĀO Restó en Recoleta continúa ese camino, ampliando su alcance sin resignar el foco en la calidad, el detalle y la cercanía con el público.
