En un rincón privilegiado de Mendoza, donde la cordillera marca el ritmo del paisaje y el clima define el carácter de los vinos, nace 323 Wines. Un proyecto familiar que encontró en el Valle de Uco —más precisamente en Vista Flores, Tunuyán— el lugar ideal para transformar una idea en identidad.
Todo comenzó en 2017, con la plantación de los primeros viñedos en la Finca Don Jorge. No fue solo el inicio de una producción, sino el punto de partida de una visión: crear vinos propios, con una conexión auténtica con el terroir y una impronta clara desde el origen.
El Valle de Uco no es un lugar más. Su altitud, su amplitud térmica y la complejidad de sus suelos permiten obtener uvas de gran calidad, con frescura natural y una expresión definida. En ese entorno, 323 dio sus primeros pasos, entendiendo que el tiempo y el cuidado son parte esencial del proceso.
323 Wines es, ante todo, una bodega boutique. Y eso implica mucho más que el tamaño.
Implica trabajar en pequeñas partidas, cuidar cada detalle y tomar decisiones con criterio propio. Desde el viñedo hasta la botella, cada etapa responde a una misma búsqueda: lograr vinos amables, equilibrados y fieles a su origen.
La primera vinificación llegó en 2020, marcando el momento en que el proyecto se consolidó y comenzó a expresarse en botella.
Hoy, el portfolio se centra en varietales como Malbec y Cabernet Franc, con una mirada puesta en el crecimiento hacia Chardonnay y Cabernet Sauvignon.
Los vinos de 323 comparten un mismo espíritu: frescura, expresión frutal, equilibrio y una identidad marcada por el Valle de Uco. No buscan ser vinos complejos en exceso ni difíciles de entender, sino vinos que inviten a disfrutar, a abrirse sin excusas y a acompañar momentos.
Pero 323 es, sobre todo, una experiencia.
Una experiencia que va más allá de la copa y que se vive en su lugar de origen.
En el corazón de la finca, rodeado de los mismos viñedos que dan vida a sus vinos, nace Destino Uconia, un lodge pensado para habitar ese universo. Un espacio donde el paisaje, el silencio y la cercanía con la naturaleza forman parte de lo esencial.
Allí, el vino deja de ser solo una botella para convertirse en algo más profundo: una caminata entre viñedos, una copa al atardecer frente a la cordillera, el tiempo que se desacelera en un entorno que invita a desconectar y, al mismo tiempo, a conectar.
Dormir en la finca, recorrer el viñedo, entender el origen y luego servir el vino… es completar el círculo.
Porque 323 no es solo un vino que se toma. Es un vino que se vive.
Más info: https://www.instagram.com/323wine/
Lodge: https://www.instagram.com/destinouconia/
