| Vaccaro define el espacio como “muy acogedor, muy chiquito, atendido por sus dueños”. Su hermano, que cumple el doble rol de bartender y camarero, completa la escena cotidiana de un restaurante que se sostiene en el trato cercano y la naturalidad del servicio.
El nombre, pensado con calma, remite a lo atemporal. “La reliquia de cada familia es la cocina de cada familia”, ha dicho el chef, sintetizando la idea de algo preservado, valioso, que se transmite sin perder su esencia.
Desde el inicio, el proyecto se diseñó con una premisa estética clara: una casa de esquina con ventanas enmarcadas, luz cálida y una atmósfera íntima. La cocina se abre hacia el salón, borrando límites y fomentando el diálogo entre quienes cocinan y quienes disfrutan del momento. |