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Ubicado en el corazón de Villa Devoto, el bodegón del Club Kimberley abrió sus puertas en 2016 con una premisa clara: revitalizar el espacio social del club y devolverle al barrio un lugar de encuentro. La iniciativa surgió de un grupo de “papás del club” que, movidos por el afecto hacia la institución y la vida comunitaria que la rodea, decidieron impulsar un proyecto gastronómico que acompañara la actividad deportiva y social. Hoy, el bodegón está a cargo de cuatro socios, incluido el emprendedor gastronómico Walter García Díaz. Definido como un bodegón con parrilla a carbón, el restaurante del Club Kimberley se distingue por una propuesta amplia y honesta, donde conviven carnes, pastas y pollos bajo una misma filosofía: hacer las cosas bien, sin artificios ni pretensiones de vanguardia. La milanesa, el flan o una buena provoleta encuentran en este espacio el protagonismo que merecen, siempre con foco en la calidad de la materia prima y el cuidado de los procesos. Con capacidad para alrededor de 100 cubiertos distribuidos entre el salón y el patio, el espacio brinda diferentes atmósferas. El patio al aire libre es uno de los grandes atractivos: mesas de madera con sillas de mimbre que evocan el patio de una casa, estufas para los días fríos y una galería techada incorporada para el invierno. Las luces cálidas envuelven el ambiente y crean un clima relajado, ideal para familias y grupos de amigos. Allí se lucen la parrilla a la vista y un horno de barro a gas , en el que se elaboran panificados artesanales, se cocinan vegetales y se gratinan los especiales del parrillero. Además, durante el invierno suelen ofrecer platos fuera de carta hasta agotar stock. En el interior, el salón de techos altos —con aire de granero— presenta paredes de ladrillo a la vista y muebles de madera que aportan carácter: un mostrador robusto, una barra protagonista y un mueble empotrado con botellas exhibidas que completan la escena. Las mesas de madera, dispuestas para dos, cuatro o seis personas, miran hacia la cancha de fútbol del club y también hacia el patio. El diseño estuvo a cargo de la decoradora, y también socia, Eugenia Pires, quien logró conjugar calidez y funcionalidad en cada rincón. La cocina está encabezada por Julio Riquelme como encargado de la parrilla, Javier Paredes como jefe de cocina, junto a Jorge Pastrana en la coordinación general del salón y por Pablo, mozo referente y cara habitual del lugar. El equipo sostiene día a día una dinámica aceitada que combina oficio, cercanía y sentido de pertenencia. La carta refleja el espíritu del bodegón. En entradas sobresalen opciones clásicas como la empanada de carne frita, los buñuelos de acelga, las bombas de papa y queso, las rabas y los bastones de mozzarella, ideales para compartir. Entre los platos principales, las milanesas ocupan un lugar central, con alternativas que van desde la simple de ternera hasta variantes como napolitana, fugazzeta, funghi, roquefort o porteña. También destacan los pollos en distintas preparaciones —al ajillo, a la provenzal, al champiñón, al roquefort o a la pizza— y el filet de merluza, en versión clásica o al roquefort. Cada principal incluye una guarnición a elección, ya sea papas o batatas fritas, o ensalada del día. Por su parte, el apartado de pastas recorre desde tallarines y ñoquis de papa hasta ravioles y sorrentinos, con salsas tradicionales —tuco, blanca, mixta, rosa o pesto— y variantes especiales con adicional. También sobresalen las sugerencias del chef, como la Milanga (milanesa de bife angosto con hueso, acompañado de fideos a la carbonara y un huevo frito), los ñoquis KAC (servidos en papillote con tuco, crema, jamón, provolone, verdeo y huevo soft) y la Milantina “Homenaje a Cantina lo de Tata MDQ” (milanesa con tuco, sorrentinos de jamón y queso y papas fritas). La parrilla a carbón es uno de los grandes diferenciales del lugar. En ella se preparan desde chorizo, morcilla y provoleta clásica —con versiones especiales— hasta achuras como riñoncitos, chinchulines y mollejas, disponibles en porción o media porción. A ello se suman cortes como tira de asado, bondiola y bife de chorizo, especiales de la semana, picaña, entrada y matambrito de cerdo, y los recomendados del parrillero: bondiola con barbacoa ahumada y panceta grillada, ojo de bife al blue cheese y pollo París (con cebolla caramelizada, hongos y queso sardo fundido), entre otros, una propuesta que amplía el abanico y reafirma su identidad bien argentina. Los postres recuperan sabores entrañables: flan, mousse de chocolate, panqueque con dulce de leche, chocotorta, Don Pedro, almendrado, vigilante y una degustación para compartir, pensada para cerrar la comida de la mejor manera. La oferta de bebidas incluye gaseosas, aguas y limonada, cervezas de litro y 740 cc, opciones de barra como Aperol Spritz, Fernet con cola, moscato de la casa Momenti o gin tonic, y una carta de vin os con diferentes etiquetas de bodegas federales, además de vino por copa. Cabe destacar que Kimberley también cuenta con menú infantil, que incluye plato, bebida y postre del día, pensado para niños de hasta 12 años, lo que refuerza su perfil familiar. Y además cuentan con servicio de take away para poder disfrutar las recetas del lugar desde la comodidad del hogar. A casi una década de su apertura, el bodegón del Club Kimberley se consolidó como un verdadero punto de encuentro en Villa Devoto: un espacio donde conviven vecinos, familias que acompañan a sus hijos en las actividades deportivas y grupos de amigos que buscan una salida distendida, con cocina casera, brasas encendidas y un ambiente que invita a sentirse como en casa. |
El bodegón de Kimberley
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